Por Martha Inés Gómez
Caminante de Picoloro Ecoturismo

Pericos, un paraiso
Un paisaje se conquista
con las suelas del zapato,
no con las ruedas del automóvil.
William Faulkner

Son las 4:30 de la mañana, suena la señal que anuncia hora de levantarse, ha llovido toda la noche y sigue lloviznando fuerte, será un domingo pasado por agua y nuestro destino y compromiso con la naturaleza nos espera.

No cesan de caer miles y miles de gotas pero no impiden el encuentro de 27 caminantes dispuestos a disfrutar de una de las más maravillosas rutas: PERICOS. Y para quien no conozca se hará la siguiente pregunta: ¿Qué es Pericos?, ¿una pequeña ave de la familia de las cotorras?, ¿ unos huevos revueltos con cebollita y tomate? o si es un capitalino pensaría que es un pequeño cafecito con leche, pero no, es un lugar paradisiaco en medio de la jungla muy cerca de la ciudad, a dos horas de recorrido en buseta.

Camino entre la selva
Hemos llegado al sitio conocido como los tubos, un sitio de bullicio ambiental extremo donde se mezclan y convergen todo tipo de ruidos y sonidos, grandes mulas que con sus cornetas anuncian el paso con mercancías hacia el puerto, los grandes equipos de sonido de los establecimientos cada uno con bachata, salsa, merengue y música de cantina produciendo un sonido estridente que opaca el hermoso canto del rio.

Muy alegres iniciamos el sendero de piedra y barro, húmedo por la pertinaz brisa, bordeando las aguas del cristalino rio que nos conduce hacia la maloca de doña Amparo quien será nuestra guía del sector. Hoy la ruta será diferente, no llegaremos al mirador, pero sí a las grandes cascadas escondidas entre gigantescos árboles y verde propio de la zona. Con mucha cautela por el aviso enclavado al comienzo del sendero que nos advertía “culebras venenosas”, vamos poco a poco avanzando en medio de hojarasca húmeda rumbo al rio Pericos que atravesaremos varias veces subiendo grandes rocas que por momentos los menos habilidosos debíamos pedir una manito.

Don Andoni Leuda por su peso y estatura se desplazaba lento pero estaba feliz pues en la primera vez que subió a Pericos apenas llegó hasta la maloca. Era ayudado por Ruby y René nuestros habilidosos guías que lo alentaban a cada paso que daba.

Piscinas naturales
Las caídas de agua en poca y grandes proporciones afloraban en cada rincón de la exótica selva del pacífico, hermosa una cascada que caída suavemente por medio de las lianas de los árboles.

Ante nuestros ojos la primera piscina natural con sus aguas cristalinas y sus burbujas que emanaban de la roca. Todos metidos en el agua disfrutaban de un baño tempranero, se divertían como niños mientras otros como Don Omar dedicado a su cámara tomando con detalle cada ángulo.

Avanzamos por la orilla del rio donde encontrábamos cascada sobre cascada, es maravilloso, después de internarnos por un sendero boscoso de gran dificultad nos encontramos el Dragón, una enorme cascada encajonada en una gruta de rocagris oscura donde sus aguas formaban otra enorme piscina, de aguas cristalinas.

Aquí pasamos largo rato unos compartiendo el almuerzo, departiendo, disfrutando de otro baño, observando el paisaje, tomando las mejores fotos, en fin, un lugar maravilloso que nos llena de gran energía y vitalidad interior, se siente la buena vibra y conexión con la naturaleza.

Cascada del Dragón
Y a la hora del regreso un camino bastante empinado y boscoso para salir al camino real que nos conduciría a la Maloca de doña Amparo quien amablemente nos brindó un cafecito.

Seguimos nuestra ruta dejando atrás la paz y la tranquilidad de un maravilloso paraje para encontrarnos de nuevo con el bullicio de la ciudad, la polución y la contaminación que dejan los bañistas citadinos en las aguas cristalinas del placentero rio Pericos.