Domingo 22 de Abril 2012, a las 5 a.m. me levanto, me ducho, preparo chocolate, pasta instantánea con huevo y salchichas para desayunar y llevar como fiambre; meto en la mochila: camiseta de repuesto, chaqueta impermeable, la comida, un termo con bebida hidratante y otro con agua, 2 peras, un banano, maní y granola y la cámara fotográfica; cojo mi bastón y mi sombrero, empieza a llover, salgo de la casa y faltando 15 minutos para las 7 me recogen en su carro, mi viejo amigo y caminante Beto con su hija Natalia y su novio, a las 7 llegamos al punto de encuentro la glorieta de Ciudad Jardín, por aquí no estaba lloviendo.

En la cafetería estaba desayunando un grupo conocido de caminantes, el clan de las Velasco y me dicen hoy vamos a traicionar a Konny (son antiguas caminantes de Coomeva – Ecoaventura) vamos a ver cómo nos va con Picoloro. Ya reunidos los caminantes, solo faltaba Aníbal, que viene en el MIO, dijeron, nos subimos al bus que arrancó hacia Pueblo Pance y llegamos hacia las 8 de la mañana, no estaba lloviendo y se veían los picos de los Farallones. Aníbal no había llegado, que viene en un recreativo, alguien informa.

Iniciando la aventura

Diego dirigió el calentamiento y después que describió la ruta, el grupo de 40 caminantes y dos guías, René y Diego, se puso en movimiento hacia su destino: Hato Viejo o la Tierra del Olvido. En el grupo de caminantes iban 29 mujeres y 13 hombres. Veinte personas caminaban por primera vez con Picoloro. Había diversidad de edades entre los caminantes: desde adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores, pero predominaban los jóvenes.

Cruzamos el río Pato sobre el puente estructural, seguimos por el sendero bordeando el río, cruzamos el río por el segundo puente de barandas metálicas y lo volvemos a cruzar por un inestable puente de cañas y barandas de alambre, uno por uno. Ya llegó Anibal (gritaron) quien corrió a meterse al río y se pasó a la otra orilla y se ubicó al final del puente para tomarle fotos a los caminantes.

Primer encuentro con la Quebrada Oscura

Continuamos caminando y llegamos a la Quebrada Oscura, hay que pasarla metiéndonos a sus frías y rápidas aguas que nos llegaban hasta la rodilla, luego la cruzamos dos veces más. Iniciamos el ascenso por un contrafuerte de los Farallones, el bosque se hace más denso y el clima más húmedo, pero no estaba lloviendo.

Historia de Hato Viejo

Más arriba observamos la quebrada que transcurre por un profundo y estrecho cañón. Seguimos, las nubes cubren el cielo y oscurecen el bosque, llegamos a nuestro destino, los vestigios de la que fue la mansión de la extinguida hacienda Hato Viejo, hoy sepultados por el bosque renacido, cubierto de espesas y florecidas enredaderas.

Diego nos ilustró sobre el tema: Hato Viejo fue una mansión con jardines que había construido la familia Ravazza, una familia pudiente de Cali dedicada a la pintura artística, la habían construido para utilizarla como un refugio que les permitiera compenetrarse con la naturaleza e inspirarse en ella para pintar, pero en los años 90 la guerrilla se tomó los Farallones, así como se tomó todo el país y se apropió de la casa usándola como refugio; cuando el ejército se estableció en los Farallones y atacó a la guerrilla, destruyó e incendió la casa como estrategia para erradicar a la guerrilla, después la naturaleza retornó y creció sobre las ruinas.

Y cayó la lluvia

Era la una de la tarde, los caminantes se acomodan para almorzar, la lluvia se desata, comen rápidamente lo que pueden, montan sus mochilas a sus espaldas, se cubren con sus capas o chaquetas y emprenden con premura el regreso, descienden entre el oscuro bosque, el agua de lluvia cae sobre los cuerpos cubiertos, se escurre por las capas penetrando las botas empapando las medias y los pies, por el intenso esfuerzo los cuerpos se calientan y transpiran generando abundante sudor, mojándose de adentro hacia fuera.

Seguimos descendiendo, vuelve a llover con renovada intensidad, llegamos al primer cruce de la Quebrada Oscura, la pasamos, el agua nos llega hasta la cintura. Continuamos hasta el segundo cruce de la quebrada lo pasamos.

Llegamos a un área despejada de bosque, cesa la lluvia, la luz intensa de un sol brillante desplaza la oscuridad, el paisaje se abre: al sur una empinada y alta montaña cubierta de tupida selva y abajo el estrecho cañón por donde transcurre la Quebrada Oscura, al fondo al occidente la cumbre de los Farallones, a la izquierda de los Farallones de Cali el sol nos lanza sus candentes rayos y a la derecha crece una masa oscura de nubes que ya cubren parcialmente los Farallones y avanzan hacia el sol. Todos aprovechamos el momento para hacer fotografía y jugar, René instaló su compacta en el mini trípode, la pone en modo automático y hace la fotografía oficial de todo el grupo.

Detenidos por la Quebrada Oscura

Sigue lloviendo y llegamos hasta el tercer cruce de la quebrada, son las 3 de la tarde y estamos como a 1.800 metros sobre el nivel del mar, nos detenemos a mirarla y a oírla: su ancho se ha duplicado, su caudal aumentado, se precipita por su cauce inclinado la enorme masa de agua a una vertiginosa velocidad, que azota con furia los barrancos y remonta las enormes rocas, la turbulencia de las aguas que chocan entre sí, remueven rocas que generan un tremendo ruido que se confunde con los truenos de la tormenta. Es imposible pasar la quebrada, intentar vadearla sería fatal: concluimos.

¿Qué hacemos en este caso?

Diego propone: esperemos una media hora a ver si escampa, baja el caudal y podemos pasar. A las 3 y media escampa, el caudal de la quebrada baja un poco pero no lo suficiente para poderla pasar. Los cuerpos húmedos de los caminantes empiezan a enfriarse. El mío tiembla, los dientes chocan y la voz se me quiebra.

Construyendo un cambuche

Otra propuesta de Diego: construyamos un cambuche con el material vegetal para resguardarnos en él y si nos acomodamos bien juntos, podremos calentarnos, porque de pronto tendremos que esperar muchas horas antes de que nos rescaten o amanecer aquí.

Me pide que le ayude a fijar en el suelo un tronco de árbol para sostener las ramas y varas que van a servir de techo, en el lugar en donde Michele está limpiando, me muevo de inmediato a buscar troncos largos y trasladarlos al sitio escogido, escarbo la tierra con un palo para enterrar un tronco, pero a los pocos centímetros encuentro roca; con la ayuda de Guillermo resolvimos apuntalarlo con rocas que nos traen del río y las vamos acomodando hasta que el tronco queda fijo.

Dinámicas de los caminantes ante la situación

Cindy, la joven tumaqueña se mueve frenéticamente cortando ramas, grandes hojas y lianas y las trasporta al sitio para armar el cambuche y se corta una mano. Esta actividad volvió a calentar mi cuerpo.

Una de las caminantes propone que recemos, ya estoy rezando, responde Martha Inés; dos señoras un poco separadas del grupo, están sentadas en el suelo envueltas en sus capas, muy calladas, tal vez meditando, rezando o dormitando.

Un grupo de jóvenes, que asisten por primera vez, parados y abrazados, dirigidos por Jessica, hacen ejercicios de respiración recitando mantras y después cantan y bailan canciones de los años 90 como el meneíto, mayonesa, aserejé y el gorila.

Una señora procura darle calor a su esposo que está desabrigado y otra pareja de novios adolescentes se dan cariño y se calientan con abrazos y besos.

Los bulliciosos dirigidos por Aníbal construyeron su cambuche en otro lugar distante de la Quebrada Oscura y quedó bien calientico – dice Juan Carlos.

Una noticia de aliento

René nos informó: que con su móvil logró comunicarse con Ruby, la caminante mayor y le explicó la situación, Ruby le dijo que de inmediato organizaría el rescate y que podría llegar aproximadamente a las 6 p.m.

Nos refugiamos en el cambuche mientras esperábamos que llegaran los rescatistas, nos sentamos en el suelo, bien juntos, cubiertos con las capas y chaquetas, asumiendo posiciones fetales, como si nos estuviéramos alistando para regresar a nuestros orígenes.

Llegó la noche del otro lado de la Quebrada Oscura

A las 6 salimos del cambuche y nos paramos a mirar hacia la otra orilla esperando que aparecieran los rescatistas, pero no llegaban todavía, nos pusimos a pitar y a gritar para guiar a los que venían a rescatarnos.

La atmósfera está sin nubes, la quebrada sigue impasable, la luz del día se va extinguiendo y las sombras de la noche se van extendiendo – anochece – y el firmamento resplandece con el brillo de las estrellas, el lucero más grande y brillante es Sirio que está cerca de Orión, nos enseña Beto que es profesor de física de Univalle y astrónomo.

La noche trae más frío, volvemos a nuestro improvisado refugio para calentarnos, Cindy propone: contemos cuentos, yo les cuento uno: ¿Qué le dijo un tomate a otro tomate? ¡Nada, porque los tomates no hablan¡. Alguien grita ¡llegaron¡ falsa alarma, confundió las luces de las luciérnagas, que son tan grandes que parecen bombillos voladores, con linternas.

El grupo de rescate nos encuentra

¡Llegaron, llegaron¡ gritaron, son las 8 y 10, nos incorporamos y miramos hacia la otra orilla, si es cierto, fuertes luces en movimiento se proyectan hacia nosotros, son las linternas adheridas a los cascos de los rescatistas, que se van alineando a la orilla de la quebrada !Y vienen periodistas¡ grita alguien, si están dirigiendo hacia nosotros la luz de una cámara de video, ¡también están Ruby y Martha¡. La posibilidad del rescate es real, la alegría conmociona al grupo, todos estábamos confiados en que Ruby lo lograría.

Los rescatistas observan la corriente de la quebrada, iluminándola con sus linternas, se reúnen y conversan, pero no desarrollan ninguna acción, suponemos que ellos han concluido que efectuar el rescate atravesando la quebrada es imposible.

El paso se abrió por un camino antiguo

Nos informan que salió un grupo de rescatistas con el apoyo de dos campesinos baquianos que bajarán 1 kilómetro hasta un puente, cruzarán el río y subirán por la margen en la que estábamos. Efectivamente en menos de una hora los campesinos abrieron con sus machetes el antiguo sendero que ya no se utilizaba y que la naturaleza había reclamado.

A las 9 de la noche, aparecieron los bomberos, los jóvenes del grupo de scouts y los dos campesinos que estábamos esperando. Por favor suban al sendero y se van alineando, nos ordenó un bombero y preguntó: ¿alguno tiene problemas respiratorios? Ninguno, respondimos.

Ya listos para iniciar la marcha, un bombero nos hizo las siguientes recomendaciones: Se van a contar y a dividir en dos grupos, caminarán separados un metro, caminen siempre por la izquierda, a la derecha está el río, nosotros los vamos a guiar iluminándoles el sendero con linternas.

Fue un sendero muy difícil, por el que caminamos. La voz fuerte de una caminante nos prevenía de los obstáculos que iba encontrando: cuidado palo en el piso, cuidado tronco de árbol arriba pasen agachados, cuidado ascenso resbaloso, cuidado descenso resbaloso, cuidado piedra resbalosa rodéenla, ojo hueco, pantano a la vista, cuidado con la pringamoza; así caminamos con seguridad y continuidad.

Como a las 11 de la noche, llegamos al puente de maderos lisos y barandas de cables de acero, lo cruzamos de dos en dos, guiados por la luz de una linterna. Al otro lado nos recibieron Martha y Ruby.

Y llegamos de nuevo a Pueblo Pance

Continuamos por un sendero pedregoso, cruzamos el puente de cañas y luego el puente de barandas de hierro y por último el puente por el que llegamos a Pueblo Pance, eran las 12. En el puente estaban apostados los camarógrafos de RCN y Caracol y un reportero gráfico que registraban a los caminantes.

En Pueblo Pance nos recibieron: los bomberos de Ciudad Modelo de Cali, los jóvenes scouts rescatistas con una ambulancia medicalisada, una brigada de la cruz roja con un médico y paramédicos y los periodistas. El médico atendió a los que llegaron con problemas de salud: Cindy que estaba en shock y con principios de hipotermia fue atendida de inmediato y estabilizada, a los que tenían frío les dieron mantas y los periodistas entrevistaron a algunos caminantes.

Habíamos sido rescatados gracias a la acción rápida y eficiente de los hombres que integran los grupos de rescate, junto con los campesinos voluntarios alertados por Ruby que oyó el llamado de auxilio de René a través de una milagrosa y crucial comunicación por la vía celular.

Pacho pide un aplauso para los héroes que nos han salvado, hombres y mujeres, valientes y abnegados, dedicados a la noble labor de salvar vidas expuestas en difíciles y terribles circunstancias. Quedamos eternamente agradecidos con ellos.

Nutridos con el esfuerzo y las energías de los elementos naturales, de las entrañas de los Farallones de Cali, hemos superado la regresión hacia los orígenes y nos hemos reafirmado en la vida y en la amistad, como caminantes amantes de las montañas.

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por OMAR SALINAS HERNÁNDEZ
Picolorense